Queremos compartir este día tan especial con vosotros
Miguel, Estela y el destino con toque de queda

Toda gran historia de amor empieza de forma épica.
Algunas empiezan en París. Otras, en una biblioteca; las más intensas, bajo la lluvia. Y luego está esta historia…
Que empezó en 2015… en el trabajo.
Porque sí, amigos, el amor verdadero también rellena excels, responde correos y sobrevive a reuniones que perfectamente podrían haber sido un email.
Nos conocimos entre reuniones, incidencias de usuarios y cafés de máquina; entre conversaciones rápidas y esa sensación extraña de «esta persona es especial». Aunque, claro, en aquel momento nadie imaginaba lo que estaba por venir.
Y entonces llegó aquel verano.
Estela organizó un fin de semana en su finca con varios compañeros de trabajo. Sol, piscina, risas, cenas largas… La nota discordante fue un individuo que confundió «buen ambiente» con «voy a lanzarme sin avisar». Error histórico.
Cuando aquel compañero se lanzó a besar a Estela sin previo aviso, ella hizo lo que haría cualquier reina medieval en una película épica: lo dejó clavado en el sitio con una mirada capaz de reiniciar Windows.
Y, justo después, ¿a quién fue a buscar? A Miguel.
Porque, incluso antes de que empezara su historia, ya sabía que él era refugio.
«Por favor, no me dejes sola con este chico».
Y Miguel, como buen caballero moderno —sin caballo, pero probablemente con batería externa—, cumplió su promesa.
A veces el amor no empieza con un beso; a veces empieza con alguien haciéndote sentir segura.
Después, la vida siguió.
Miguel dejó la empresa, pero no desapareció. Seguía escribiendo a Estela por WhatsApp para preguntarle cosas del trabajo. Cosas que seguramente podría haber buscado él solo… pero, claro, la excusa era buena para mantener el contacto.
Miguel tenía algo peligroso: era simpático de verdad. De esas personas que hacen reír sin esfuerzo y que caen bien incluso cuando te escriben un martes a las 22:47 preguntando por «una cosilla rápida».
Y Estela siempre contestaba, con una voz sonriente o muchos jajajas en WhatsApp, porque así es ella: siempre feliz, siempre alegrando el día con una simple sonrisa.
Pero el tiempo no iba sincronizado para ellos todavía. Estela tuvo relaciones, cambios, etapas…
Mientras, Miguel que hacía su vida tranquilamente, seguía manteniendo el contacto esporádicamente, esperando su momento sin saberlo.
Y entonces llegó 2021. Instagram, señoras y señores, la gran plaza del pueblo de nuestra generación.
Miguel, que sabía que Estela era especial, se dio cuenta de que estaba soltera, ya que había empezado a subir fotos donde aparecía sola. Solo podía interpretarse como una señal del universo:
—«Tu momento ha llegado, campeón».
Y atención, porque aquí empezó uno de los coqueteos más adultos de la historia romántica moderna.
Nada de:
«¿Qué haces?»
Nada de:
«Hola, desaparecida».
No.
Miguel, que había visto las stories de Estela y sabía que estaba restaurando un mueble, le preguntó qué pintura usar para una cama que él estaba arreglando. Entrada inesperada, pero efectiva, acompañada de un «¡Tenemos que quedar!».
Resultado:
Romance nivel bricolaje emocional.
Mientras otras parejas conectan por la música o el cine, ellos conectaron por barnices, madera y, probablemente, tutoriales de YouTube sobre lijado e imprimación.
Y quedaron, en plena época COVID, con mascarillas y toque de queda. Con el gobierno literalmente diciendo:
«Enamorarse sí, pero rapidito».
Estela eligió el campo de juego y reservó restaurante.
La cita fue increíble.
Rieron, hablaron durante horas y ambos sintieron esa chispa rara que no aparece todos los días.
Y entonces llegó el anticlímax absoluto: el toque de queda. La noche terminó antes de lo que ambos querían.
¿Sería solo una tarde maravillosa?
Pero, al día siguiente…
Miguel tenía planes todo el día con amigos. Cansado y ya tarde, decidió que tenía que ir a ver a Estela.
Y lo que pasó después…
La historia se escribe sola. Desde entonces, todo fue rápido, natural y precioso.
Empezamos a vernos cada día, a dormir unas veces en casa de Estela y otras en la de Miguel.
Hasta que llegó el frío invierno… y Estela se mudó con Miguel y sus dos gatos.
Porque las grandes historias de amor tienen pruebas difíciles; la nuestra ha sido compartir cama con felinos que no te dejan espacio y que, a las cuatro de la mañana, deciden correr por la casa y saltar por las paredes.
¿Y cómo sigue esta historia?
Bueno… digamos que no hace falta explicarlo demasiado.
Desde aquella primera conversación entre incidencias y cafés de máquina han pasado muchas cosas: mudanzas, miles de mensajes, viajes, risas, tres gatos y, en 2025, la llegada de Miguelito.
Y precisamente por eso hoy estáis aquí: para acompañarnos en el tercer día más importante de nuestras vidas.
Porque el primero ya ocurrió hace tiempo, cuando dos excompañeros de trabajo descubrieron que el destino tenía planes para ellos… incluso con toque de queda.
Domingo, 13 de junio de 2027
13:00 horas
Finca Fuentearcos
Ctra. Vicálvaro a Rivas del Jarama, km 2
Recomendamos llegar con margen ya que la ceremonia empieza a las 13:00. Si venís en coche desde Madrid, tomad la M-40 dirección Rivas-Vaciamadrid y seguid las indicaciones de la carretera de Vicálvaro a Rivas; la finca queda señalizada en el km 2.
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